"Cuando
se pierden los nervios"
Por Victoria Queipo
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Todos
los padres saben, por propia experiencia, que en muchos momentos de la
crianza de sus hijos se pierden los nervios. Evidentemente, hay infinidad de situaciones conflictivas que los desbordan: un bebé que llora mucho, las dificultades del hijo al hacer la tarea escolar o el problema del adolescente que no respeta el límite de horario en las salidas. Son momentos muy diferentes, pero tienen en común poner a prueba la paciencia de los progenitores. |
| ¿Qué
es lo que nos produce el enfado? ¿Por qué la conducta habitual en un hijo
lleva a los padres a perder el control? Es importante preguntarnos si
existe algún otro motivo por el que nos pueden molestar tanto algunas
actitudes de nuestros hijos. A veces, son preocupaciones ajenas a ellos, como el trabajo o los problemas económicos que nos interfieren dejando poco espacio mental para situarnos con tranquilidad frente a las circunstancias complejas que se nos plantean con nuestros hijos. NUESTRO REFLEJO Las actitudes que nos perturban pueden tener relación con conflictos propios, que se avivan ante las conductas de nuestros hijos, incomodándonos. Por ejemplo, si no fuimos buenos estudiantes, nos preocupa que a ellos les ocurra lo mismo. Si no hicimos una buena elección de pareja, pensamos que puede pasarle algo similar a nuestra hija adolescente. Si nuestros padres nos calificaban de egoístas, vemos esa característica en nuestro hijo a cada momento. Si no fuimos ese hijo perfecto que esperaban de nosotros, sólo vemos fallos en nuestro pequeño. |
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PAUTAS PARA SABER
DIFERENTES ETAPAS |
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