"El primer amor en la adolescencia"
Por Victoria Queipo

Cuando percibimos que nuestro hijo o hija adolescente puede haberse enamorado, nos embargan todo tipo de inquietudes por la nueva etapa que se inicia. Antes de llegar a esta conclusión, no entendíamos su reserva, la falta de apetito y su salto al escuchar el timbre del teléfono para llegar antes que nadie.

No sabemos cómo abordar el tema, si hablarlo con ellos, o si esto daría mayor importancia al asunto. Otras veces nos lo tomamos con gravedad, pensamos que ese chico o chica será el futuro padre o madre de nuestros nietos.
Generalmente, consideramos que todavía son muy pequeños para eso. Pero de pronto, empezamos a recordar lo que nos pasaba a su edad. Poco a poco vamos comprendiendo que han crecido y que debemos respetar los cambios físicos, psíquicos, de intereses en general y de identidad sexual, en particular. Es un momento difícil, no exento de sentimientos encontrados, porque evocamos en nosotros mismos ese periodo tan crítico de la vida.

Cuando el joven se enfrenta a una primera relación amorosa, la teme y la desea al mismo tiempo. Sin saberlo, pone en juego en esa experiencia la muerte de una época vivida. Debe despedirse de su propia infancia.

CLAVES PARA SABER QUÉ LE OCURRE

• ACEPTAR EL PASO. Enamorarse es dar un paso que lejos de resultarle fácil al adolescente, implica hacer uso de muchos recursos psíquicos, algunos conocidos y otros nuevos. Aunque se trate de una circunstancia que él vivencia como única, en realidad mucho antes, siendo púber y aún niño, ya experimentó y presintió a su nivel, el sentimiento amoroso. A diferencia de entonces, existe en su cuerpo la posibilidad fisiológica de ejercitarlo y darle un sentido nuevo.

• HABLAR DE EMOCIONES. Ante la inminencia de que se concrete una relación sexual, los padres se angustian y existe el riesgo de que sólo les hablen de las enfermedades de transmisión sexual, del embarazo y la anticoncepción, porque éstos son los temores más habituales y porque a veces es más fácil hablar de estos temas, que de las emociones que la situación provoca. Se suele cuestionar a los adolescentes que vivan una sexualidad libre de prejuicios. Pero a los adultos también les resulta difícil hablarles del sexo y del amor, por ello tienen parte de la responsabilidad. No se atreven a entablar una conversación sencilla con sus hijos, a veces por prejuicios y otras por sus propios conflictos sexuales irresueltos.

• ARGUMENTAR OPINIONES. Si se han enamorado de un chico/a que a los padres no les gusta, conviene que actúen con bastante tacto y paciencia. Si hubiera razones objetivas para el desagrado, es mejor argumentarlo, sin olvidar que a mayor oposición de los padres, mayor es el efecto opuesto al deseado.

Aceptar la primera relación amorosa con naturalidad permite a los hijos depositar su confianza en los padres, pudiendo hacerles partícipes de sus miedos e inseguridades.