"La edad de la independencia"
Por Victoria Queipo

Marta no entiende a su hija adolescente. A veces se comporta como una niña buscando su aprobación y otras se revela como si fuera una adulta a la que se le quita libertad. Ella no sabe cómo actuar, pero piensa que, aunque es mayor para algunas cosas, cómo puede comportarse en otras de modo tan infantil. En la adolescencia se produce una reorganización del mundo psíquico. Es un período que, aunque supone la ganancia de crecer, también implica pérdidas para el adolescente: pierde su rol como niño y también a los padres ideales de la infancia: descubre que son seres humanos, que no son como él los imaginaba.
Para establecer su identidad, no sólo debe enfrentarse al mundo de los adultos, para lo que aún no tiene herramientas, sino desprenderse de su mundo infantil, en el que vivía cómoda y placenteramente, con sus necesidades básicas satisfechas y los roles claramente establecidos. Los padres eran su refugio y su protección.


SIN PROTECCIÓN

Para crecer, el adolescente necesita desprenderse de esa protección, pero, al mismo tiempo, sigue necesitándolos, por eso alterna momentos de dependencia-independencia, que tantos conflictos causan a los padres. Necesita ensayos donde prueba la pérdida y la recuperación de ambas edades: la infantil y la adulta. Esta vacilación del adolescente entre una dependencia y una autonomía extremas confunde a los padres, quienes no entienden en general esa variación: a veces parece un adulto y otras un niño, a veces los busca y otras los rechaza. Cuando la conducta de los padres implica una incomprensión de esas fluctuaciones llamativamente polares, que oscilan entre el refugio en la fantasía y el afán de crecimiento, se dificulta la labor de duelo por la infancia perdida.

¿Cómo lo afrontan los padres?

• ENFRENTAMIENTO
Los padres también deben hacer el duelo por la identidad infantil de su hijo. Ahora son juzgados por él, y el enfrentamiento y la rebeldía son más dolorosos si el adulto no es consciente de sus problemas con el adolescente y con su propia adolescencia, que es revivida a través del hijo. Pero, a veces, los padres se olvidan o niegan lo que vivieron y se distancian de su hijo. Otras veces tienen sentimientos encontrados y mantienen posiciones contradictorias frente a la autonomía que el hijo necesita y ante los necesarios límites que precisa.

¿LIBERTAD O ABANDONO?
Esta incomprensión y rechazo se encuentran, muchas veces, enmascarados bajo el obsequio de una excesiva libertad que el adolescente vive como abandono. Frente a esa actitud, el chico siente la amenaza inminente de perder la dependencia infantil, cuando es aún necesaria.

AUTONOMÍA
Sólo más tarde, en la madurez, el joven podrá ser independiente dentro de un marco de saludable dependencia
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