"¿Por qué tiene un tic?"
Por Victoria Queipo

Pedro tiene siete años. Su profesora ha observado que, desde hace unos días, el niño contrae fuertemente sus ojitos. Esto ocurre cada vez que algo le pone tenso, por ejemplo, cuando la maestra le pregunta por su tarea. La madre corrobora que, al hacer los deberes en casa, estos movimientos aumentan; sin embargo, los fines de semana, desaparecen.
Para el diccionario de psicología, el tic es un trastorno de la conducta motora caracterizado por movimientos convulsivos involuntarios. En su origen suele estar presente un factor psíquico, y su repetición más frecuente se produce en situaciones emotivas o ansiosas. Desaparece durante el sueño.

No todos se hacen crónicos

Es el médico quien debe hacer un diagnóstico para descartar otras dolencias. No todos los movimientos reiterados se hacen crónicos como tics. En el proceso de desarrollo del niño pueden aparecer estereotipias, o repeticiones, que desaparecen con el crecimiento.

Las más frecuentes son los movimientos de la boca y los gestos de la cara: succión del pulgar, balanceo del tronco, frotamiento de los ojos y de la nariz... Cuando no desaparecen con el desarrollo conviene que sean tratadas psicológicamente.

Cada uno tiene su historia

Los tics en la infancia suelen surgir a los seis años y se instalan lentamente. Aparecen como una descarga motora que alivia una tensión interior. Descartado el origen orgánico, podemos suponer que la forma en que esa tensión se manifiesta tiene relación con la historia del sujeto y con la situación que la desencadena. Desde esta perspectiva, cada tic tendría una historia singular.

Los más frecuentes son: parpadeos, fruncimiento de cejas, rictus, movimiento de la barbilla... También son habituales los encogimiento de hombros, de brazos, de manos y también los tics de tipo respiratorio (resoplar, bostezar, sonarse, toser, soplar....) o fonatorio (chasquear la lengua, gruñir...).

Lo que debes saber

El tic expresa la facilidad con que algunos niños manifiestan los afectos, conflictos y tensiones psíquicas a través del cuerpo. En un principio, puede ser una reacción a una situación de ansiedad (por una enfermedad, una separación...). Normalmente, con el tiempo se abandona el cuerpo como primera vía para expresar la tensión.

En niños pasivos y especialmente sumisos, que controlan y reprimen excesivamente su agresividad, también suelen aparecen tics. Otras veces se desarrollan en chicos más mayores o en adolescentes después de un accidente o de intervenciones quirúrgicas.

La reacción de los padres ante el tic puede condicionar su evolución. Burlas, insistentes llamadas de atención sobre el tic o prohibiciones acrecientan la ansiedad y refuerzan la descarga motora.

Lo importante es descubrir el estado psicoafectivo en el que aparecen y se fijan los tics. En el caso de Pedro cabe investigar por qué asumir responsabilidades le crea tanto temor.